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"Es urgente retomar el equilibrio"

Responsabilidad social empresaria
Homero Santos afirma que las empresas tienen que ir más allá del lucro y concentrarse en el cuidado del medio ambiente y la comunidad

Por Micaela Urdinez

De la Fundación LA NACION

La crisis económica mundial, que empezó a derramar sus efectos en nuestro país, puso en tela de juicio la posibilidad de que una empresa que está preocupada por sobrevivir pueda seguir manteniendo su responsabilidad social empresaria (RSE). Algunos especialistas sostienen que si la RSE es una filosofía que atraviesa toda la compañía, más allá del contexto, se puede seguir aplicando en todas las decisiones que haya que tomar. Homero Santos, consultor en temas de sustentabilidad y profesor del Instituto Ethos/UniEthos, adhiere a esta afirmación, pero con algunas salvedades. Para él, la empresa debe concentrarse primero en salir adelante, pero teniendo en cuenta parámetros éticos y sociales. "No es un buen momento para hacer cambios importantes en las estrategias de RSE. A nadie le conviene que la empresa quiebre, ni a los empleados ni a la comunidad", dice.

¿Qué tiene que priorizar una empresa para poder salir de la crisis? ¿Cuáles son los límites éticos?

-Es necesario diferenciar el lucro de la economicidad. El lucro significa orientar el negocio exclusivamente hacia la generación de riquezas, mientras que la economicidad implica que es necesario generar un equilibrio entre lo que se invierte y lo que se gana, para poder hacer sustentable un negocio. Si el organismo destruye todo lo que está a su alrededor para aumentar su economicidad, eso ya no es bueno, y ése debe ser un límite.

¿Por dónde debería empezar la RSE en la actualidad?

La economicidad también debe tener en cuenta el equilibrio ambiental y social. Hoy estamos gastando un 40% más de los recursos naturales que el planeta necesita para seguir regenerándose. Por eso, cada vez que se piensa en las políticas de las empresas hay que contemplar lo que genera menos perjuicio y mayor beneficio para el medio ambiente y la comunidad. Las empresas tienen que entender la situación de extrema vulnerabilidad en la que estamos viviendo. Ahí empieza su RSE.

En términos más concretos, ¿qué acciones directas pueden tomar las compañías para empezar a andar este camino?
Las empresas tienen que pensar que pueden contribuir, pero no resolver el problema de la biodiversidad del mundo. Para eso tienen dos opciones: por un lado, repensar sus productos para que impacten lo menos posible en el medio ambiente y generen menos daño en la salud, y por otro, pueden incidir haciendo presión para que se modifique el marco legal y regulatorio, y las conductas de las personas, pero eso surge de una creencia. La cúpula de la compañía tiene que estar comprometida con esta visión para que suceda.

¿Cree que las empresas están lo suficientemente empapadas de lo que implica ser socialmente responsables?

Su responsabilidad es buscar nueva información, como la ambiental, para poder tomar buenas decisiones. Tienen que entender lo que está ocurriendo y hacer un diagnóstico más realista. El gobierno corporativo tiene que estar ligado con esta realidad. Hacer donaciones es muy virtuoso, pero las compañías no están para hacer donaciones, sino para fabricar productos. Para donar están los particulares. No se trata de enfocarse en los resultados, sino de respetar normas colectivas, el llamado bien común.

¿Le parece que los consumidores valoran más los productos de las empresas comprometidas a la hora de comprar?

El consumidor sigue eligiendo por el precio y no por la RSE de la empresa o la forma de elaboración del producto. A menos que sea una persona extremadamente sensible con el tema o por una convicción ideológica, es muy difícil que elija comprar un producto que sea más caro, a pesar de que sea socialmente responsable. No fuimos educados para eso. Ese no es el camino.

En la Argentina existe un proyecto de ley para regular las acciones de RSE, ¿usted qué opina al respecto?

Creo que debe haber una política de trabajo decente, y también contemplar la cuestión ambiental, como leyes que prohíban el uso de las fuentes de los ríos o que protejan los bosques. Pero poner todo bajo el mismo marco no me parece una buena idea, porque son cosas muy distintas. Tener una única ley debilita la cuestión y la transforma en algo burocrático. Sí hay que poner márgenes mínimos para que las empresas cumplan. Además, hay que movilizar a los líderes sociales y los medios de comunicación, para que instalen este tema.

¿Cómo ve la RSE en la Argentina ?

En la Argentina, la RSE está saliendo de una etapa de peaje (filantrópica) y pasando a una etapa más sistémica. Es un país de una gran riqueza, y eso le da un enorme potencial. Las empresas que cuiden de mejor manera los activos sociales y medioambientales, son las que tendrán un mejor futuro, y seguramente las que elijan los inversores. La Argentina, Brasil y Chile tienen muy buenos activos ambientales y sociales que pueden ser una gran reserva para momentos de crisis mundial, y por eso hay que cuidarlos.

¿Cuáles son los tres desafíos más importantes para la región?

Primero, desarrollar una nueva visión de América latina en el mundo presente; segundo, preservar al máximo los recursos naturales y los ecosistemas que hacen de la región una isla de posibilidades en el futuro, y tercero, concientizar a los líderes y a la población en general, cosa que le corresponde a los medios de comunicación. Lo más importante es reconvertir el sistema sobre el que está basada la sociedad, y eso debe hacerse imitando la sabiduría de la naturaleza.

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